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Efectos del estrés en nuestra apariencia física






Efectos físicos del estrésEl estrés es la manera en la que el cuerpo se enfrenta ante la tensión de un momento crítico y se prepara para asumirlo, por eso el sistema nervioso y ciertas hormonas como la adrenalina y el cortisol son liberadas para poner al cuerpo en estado de alerta y ayudarlo a reaccionar rápida y efectivamente, ante dicha situación.

Sin embargo, la respuesta al estrés también puede causarnos problemas cuando reaccionamos de forma exagerada o no se maneja de forma adecuada, el cual puede llegar a influir en nuestro estado nutricional, salud, niveles de condición física, bienestar emocional, en el sueño y hasta degenerar algunos rasgos de nuestra apariencia física.

Entre las consecuencias del estrés en la salud de muchas personas podemos encontrar: dolores de cabeza, tics y temblores, sequedad en la boca, nudos en la garganta, tensión muscular, dolores de espalda, mayor frecuencia respiratoria, molestias estomacales (diarrea, estreñimiento, cólon irritable, flatulencia), impotencia sexual, frigidez, retrasos menstruales, sequedad de la piel, dermatitis, cansancio, trastornos de sueño, entre otros problemas.

El estrés nos hace ver muy mal

A parte de los trastornos mencionados, causados por el estrés, existen otros problemas que influyen puntualmente en la manera en la que nos vemos y cómo lucimos físicamente. El aumento de barriga, la caída del cabello, la pérdida de las uñas y la aparición de acné y otros problemas en la piel son los signos más comunes que atentan contra una apariencia sana y armoniosa. Por eso para que el estrés no se convierta en un gran enemigo, es importante conocer cómo actúa para aprender a combatirlo.

Aparición de la barriga

No importa si eres de contextura gruesa o delgada, si eres hombre o mujer; el estrés siempre está listo para atacar y amenaza con la aparición de panza o barriga.

El estrés puede tener un impacto significativo en la acumulación de grasa en el abdomen, puesto que a medida que éste aumenta, sube el nivel de cortisol, hormona que, en los niveles normales es vital en el metabolismo y en el mantenimiento normal de la presión arterial, pero que en niveles superiores termina afectado todos los tejidos del sistema individual y el sistema de órganos en el cuerpo humano.

Así pues, el estrés se convierte en tóxico, lo que también se conoce como peso tóxico, lo cual se refleja en el exceso de grasa debajo de la pared muscular abdominal, que además se asocia con un mayor riesgo de padecer diabetes, cáncer y otras enfermedades del corazón.

¡Combátelo!

Ten en cuenta que cuando hay un exceso de cortisol en el organismo, aumenta el apetito por los alimentos con grasa y los carbohidratos, que son los combustibles perfectos para el estrés, por eso, para no darle gusto, es importante evitar el consumo de fritos, snacks, embutidos, comidas rápidas grasosas, mantequillas, leche entera y carbohidratos. Más vale llevar una dieta sana y balanceada, acompañada de rutinas diarias de ejercicios (sobre todo cardiovasculares, anaeróbicos y abdominales), vitales para disminuir los niveles de cortisol.

Pérdida de cabello

El estrés severo puede hacer que se nos caiga el cabello, lo que también se conoce como calvicie o alopecia, justo cuando estamos enfrentándonos a una dura situación mental o emocional. Este proceso se conoce como efluvio telógeno, que se caracteriza por una pérdida repentina y difusa del cabello, causada por una interrupción en el ciclo de crecimiento normal del mismo. Esta interrupción es, a menudo, el resultado de un trauma que hace que un gran número de folículos pilosos entren en una fase de telógeno o reposo.

La fase de telógeno puede durar de 6 a más de 12 semanas y afecta a las mujeres mucho más que a los hombres. Los factores de estrés que puede conducir a la pérdida temporal del cabello son, por lo general, la muerte de un ser querido, un accidente, sobrecargas laborales, problemas económicos y financieros, el rompimiento de una relación afectiva, una enfermedad grave o una intervención quirúrgica. Por eso, en momentos como estos es muy importante seguir los siguientes consejos para manejar el estrés:

Hacer ejercicio: sólo 20 minutos al día pueden producir endorfinas suficientes para reducir los niveles de estrés. 

Lleva un diario: Escribir tus pensamientos y sentimientos puede ayudarte a expresar las frustraciones que estás manteniendo en tu interior.

Un masaje: la terapia de masaje puede relajar los músculos, aliviar los espasmos musculares, aumentar el flujo sanguíneo a la piel y aliviar el estrés mental y emocional.

Consume: vitaminas y antioxidantes (A, C, E y zinc) para combatir los radicales libres.

Pérdida de las uñas

Unas uñas fuertes y saludables requieren de proteínas, magnesio, zinc, hierro, biotina y otras vitaminas y minerales. Sin embargo, cuando el estrés y el aumento de cortisol están presentes en el cuerpo, hacen que sea más difícil que el organismo absorba los nutrientes necesarios, por esta razón, las uñas débiles y quebradizas se hacen más evidentes cuando en nosotros habita el estrés.

A su vez, muchas personas tienden a abusar de sus uñas cuando están estresadas, así que entre la ansiedad recurren a ellas mordisqueándolas, causando daños mecánicos en la cama de la uña, porción de piel que contiene vasos sanguíneos que le proporcionan a la uña el alimento necesario para su  sano crecimiento.

Tus manos hablan mucho de ti, por eso es importante que ante cualquier situación busques la calma y sigas estas recomendaciones para que el estrés no acabe con tus uñas:

Evita morderte las uñas.

Duerme por lo menos ocho horas diarias, esto también ayuda a que los tejidos tengan todo el tiempo para que sanen y crezcan.

Lleva una dieta saludable y rica en omega-3, junto con alimentos bajos en azúcar para ayudar a las membranas celulares.

Mastica lentamente y come en un ambiente relajado para permitir la absorción máxima de los nutrientes.

Consume suficiente proteína para el crecimiento y reparación de los tejidos.

Bebe mucha agua para hidratar la piel y eliminar toxinas.

Problemas en la piel

El estrés y la piel están íntimamente entrelazados, debido a que este gran órgano es somatizador, sobre todo cuando hay problemas o dificultades que nos tengan en tensión continua. En muchos casos pueden aparecer enfermedades en la piel como: acné, urticaria, eczema, caspa, rosácea, psoriasis, vitíligo (despigmentación manchas blancas en la piel),  tricotilomanía (arrancarse el cabello) y los trastornos de la auto-mutilación, trastornos de la piel que tienen sus orígenes  en la mente.

Al tratarse de la piel, un órgano tan delicado de nuestro cuerpo, es muy importante seguir los tratamientos dermatológicos correspondientes, combinados con terapias para el control del estrés, pues esto hace que la piel se limpie, se sane y mejore la apariencia del paciente, haciendo que su estado de ánimo mejore, junto con su autoestima.

Recuerda que para que el estrés no afecte nuestra piel, el ejercicio, el autocuidado, la buena alimentación, no fumar y evitar el alcohol hacen parte de una serie de consejos saludables que nos ayudarán a manejar el estrés y evitar que sus daños se reflejen en nuestro rostro y cuerpo.

Ten en cuenta

Darle la cara al estrés significa buscar respuestas adecuadas frente a un problema que nos esté afectando. Ahogarnos en un vaso de agua no va a ser la mejor ayuda, por eso es muy importante respirar y pensar con tranquilidad para darle una buena solución a nuestra dificultad.

Meditar, practicar yoga, artes marciales, tomarnos un tiempo prudente de descanso  y  de relajación, realizarnos baños de inmersión, aromaterapia y acupuntura, son algunas de las alternativas que nos ayudarán a despejar la mente y actuar con serenidad para que el estrés no acabe con nosotros.

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